Hijos de corta edad: ¿Cómo se ha desarrollarse el régimen de visitas? | Caleta Abogados

Hijos de corta edad: ¿Cómo se ha desarrollarse el régimen de visitas?

Nos encontramos habitualmente con separaciones o divorcios de parejas que además de tener que fijar la guarda y custodia, la pensión de alimentos o el uso y disfrute de la vivienda familiar, debemos de establecer un régimen de visitas a favor del progenitor no custodio con respecto a hijos menores de muy corta edad nacidos del matrimonio.

Y ante dichas circunstancias, el desarrollo de esas visitas no resulta del todo fácil.

¿Qué consideramos como un hijo de corta edad?

Debemos de distinguir 2 casos:

-Hijos lactantes: como se pudiera pensar, son los hijos que se alimentan única y exclusivamente de leche materna, y que, en la mayoría de los casos, debido a sus escasos meses de vida, no ingieren otro alimento distinto a ese.

En estos casos, la dependencia del hijo con respecto a la madre es casi total, de manera que no es posible, en la mayoría de los casos, la fijación de un régimen normalizado, esto es fines de semana alternos y mitad de periodos vacacionales, con pernocta incluida.

De hecho, las visitas del padre al menor en este tipo de casos se suelen caracterizar por desarrollarse en periodos más o menos cortos de tiempo pero más frecuentes, incluso en vacaciones, y siempre sin pernocta, a fin de que el menor sea devuelto a la madre cuando requiera de su necesidad.

A medida que el menor vaya creciendo y por ende, vaya dependiendo menos de la madre, dichos periodos se alargaran hasta incluir la pernocta.

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No obstante, cada vez hay más Juzgados y Tribunales que se resisten a que la lactancia constituya un elemento impeditivo para que el padre pueda desarrollar una relación normal con su hijo a los pocos meses de nacer, y más cuando la lactancia ha venido como consecuencia de una decisión unilateral de la madre.

En este último caso, por parte de Juzgados y Tribunales se le requiere a la madre para que facilite los medios necesarios para que las visitas se desarrollen en condiciones de normalidad. Lo que ocurre es que debido a la dificultad que conllevan esos medios (extracción de leche materna), el periodo de lactancia sigue suponiendo en la práctica una limitación del padre para el desarrollo normal de las visitas.

Sea como fuere, los casos de los hijos lactantes se limitan en la mayoría de los casos a los primeros meses de edad, de manera que una vez superado dicha etapa, ya se puede desarrollar un régimen normalizado.

De esta forma, en la fijación de las visitas por los progenitores de mutuo acuerdo por medio de convenio regulador, se puede incluir dicha salvedad, de manera que se establezca un régimen progresivo en atención siempre a la edad del menor en cada momento.

Hijos menores hasta 3 años de edad: como ocurre en la mayoría de los casos relativos a derecho de familia y tal y como hemos expuesto en alguna ocasión, debemos ceñirnos a cada caso concreto para determinar la solución a nuestra controversia.

Ciertamente, no existe un criterio claro por parte de Juzgados y Tribunales a la hora de determinar en qué edad ha de empezar a desarrollarse un régimen de visitas normalizado. En este sentido nos encontramos con Juzgados más restrictivos y otros menos restrictivos en ese aspecto.

En este caso, el elemento diferenciador con respecto a la edad lactante es la ampliación de los tiempos de estancia del padre con el menor y la inclusión de la pernocta.

 En la práctica, lo más frecuente es que, una vez terminado el periodo de lactancia, y por ende, la necesidad que tiene el menor con respecto a la madre, empiece la aplicación de un régimen de visitas normalizado, salvo que por alguna de las partes se acredite alguna circunstancia del menor que lo impida.

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Con ello se persigue, facilitar la relación padre-hijo en condiciones de normalidad, de manera que las limitaciones habidas con la lactancia no sigan lastrando o afectando al roce entre ambos.

No obstante, también existen, en otros casos (cada vez menos), criterios de Jueces que vienen a establecer el régimen normalizado no antes de los 3 años de edad, por entender que los menores siguen dependiendo en mayor modo de los cuidados de la madre o que incluso los mismos no han desarrollado aun la “madurez” necesaria para que las visitas con respecto al padre se desarrollen con normalidad, básicamente, que puedan pasar toda una noche con su padre.

En este sentido, debemos de reconocer la complicación que, en muchos casos, presentan los menores durante esos periodos nocturnos, sobre todo cuando no están acostumbrados a pasarlos fuera de la compañía materna.

Sea como fuere, debemos de ajustarnos a cada caso concreto y, tras una valoración de las circunstancias, determinar qué forma de desarrollo de las visitas se ajustan mejor al bienestar del menor, que no debemos de olvidar que es el interés predominante en todos los caso.

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Pablo Salmerón Sabador

Abogado
Más de 10 años de experiencia en Juzgados y Tribunales.
Especialista en derecho de familia, accidentes de tráfico y derecho penal.
Pablo Salmerón Sabador

Pablo Salmerón Sabador

Abogado Más de 10 años de experiencia en Juzgados y Tribunales. Especialista en derecho de familia, accidentes de tráfico y derecho penal.